Entraste al bar.
Abriste la mirada para encontrar lugar, y en tu fracaso vislumbraste un espacio cerca del piso, justo al lado de la persona que estaba admirando tu existencia.
Cuando te sentaste voltee a verte.
Dude en hacerlo, pero era tan inevitable como cerrar los ojos para sentir la lluvia. Me detuve en la curva de tu nariz, y al poco tiempo necesite una excusa para conocer tu sonrisa.
Al pasar el tiempo te fuiste, y creí que ya estaba todo dicho. Me quede ahí, pensando en la historia de esa mujer que salió entre las hojas a recorrer las calles, en busca de enriquecer el espíritu. Tambien pensé que aveces, las musas aparecen en los momentos indicados para inspirarte, y despues se marchan sin más.
Mientras sonaban las ultimas canciones, me diste el gusto de entrar nuevamente a escena. Prepare el escenario con un asiento para vos, quería saber mas de tu índole, queria conocer mejor tu voz.
Te pregunte si conocías a los chicos, me dijiste; -si.
Me preguntaste si yo tambien los conocia, te conteste: A mí me pagan para agitar al público...
Fue ahí que logré tu segunda sonrisa.
La que me dejo admirar tus rasgos, la que me insitó a considerar que podría guardarte en una foto como te estaba admirando: Preciosa como las mejores sensaciones del alma, libre como las hojas que te siguieron hasta la puerta.