28 de diciembre de 2018

Observando las hojas me doy cuenta cuán valientes son. Parecen diminutas, pero tienen historia, tienen genética. Ellas nacen, y una vez alcanzado el fulgor de su existencia, un color verde lleno de vida y luminosidad, terminan por secarse, ellas también tienen un solo tren, una sola estación. Y se lanzan. No se quedan pegadas al árbol que les dio vida, ellas se desprenden y van en busca de un remolino o ráfaga de aire que las lleve, que las mueva en otra dirección...