3 de mayo de 2019

La chocolatada por los bordes de la boca. Comer sandía con las manos, chorreando en las zapatillas. Jugar a tirar lo más lejos posible las semillas. No entender cómo se ata un cordón, ni por qué hay que calzarse si la tierra es fresquita. El calor del cemento quema y hace cosquillas. Las espinas las cura el beso de mamá. Dos sillas, una sábana: un castillo donde estar. Hace horas no comemos, no hay sed ni hambre porque la imaginación lo llena todo. Nosotros, los chiquitos, no entendemos todavía muy bien la palabra amor pero nos damos una idea: ojos que abrazan, brazos que calman.

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