5 de noviembre de 2018

Las musas

La banda estaba sonaba con un tema muy tranquilo, miro afuera para contarme alguna historia mientras observo el paisaje que se podía ver desde mi lugar. Ahí estaban el cielo, unos pocos arboles, el viento sumiso. Ese era mi cuento... Hasta que entras en mi escena sin aviso del otro lado de la cuadra. No sabría narrar el rebote de tu pelo al caminar entre el viento, la fluidez de tus pasos, la armonia de tu cuerpo, lo delicada que te hacían ver tus prendas. El momento en que te convertiste en mi protagonista. 
Entraste al bar. Abriste la mirada para encontrar lugar, y en tu fracaso vislumbraste un espacio cerca del piso, justo al lado de la persona que estaba admirando tu existencia. Cuando te sentaste voltee a verte. Dude en hacerlo, pero era tan inevitable como cerrar los ojos para sentir la lluvia. Me detuve en la curva de tu nariz, y al poco tiempo necesite una excusa para conocer tu sonrisa. Al pasar el tiempo te fuiste, y creí que ya estaba todo dicho. Me quede ahí, pensando en la historia de esa mujer que salió entre las hojas a recorrer las calles, en busca de enriquecer el espíritu. Tambien pensé que aveces, las musas aparecen en los momentos indicados para inspirarte, y despues se marchan sin más. 
Mientras sonaban las ultimas canciones, me diste el gusto de entrar nuevamente a escena. Prepare el escenario con un asiento para vos, quería saber mas de tu índole, queria conocer mejor tu voz. Te pregunte si conocías a los chicos, me dijiste; -si. Me preguntaste si yo tambien los conocia, te conteste: A mí me pagan para agitar al público... Fue ahí que logré tu segunda sonrisa. La que me dejo admirar tus rasgos, la que me insitó a considerar que podría guardarte en una foto como te estaba admirando: Preciosa como las mejores sensaciones del alma, libre como las hojas que te siguieron hasta la puerta.

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