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23 de agosto de 2019
Una persona con los ideales al alcance de la mano, en la mesita de luz para tomarlos todas las mañanas y llevarselos en sus paseos por la ciudad, su nueva casa. De la Patagonia aprendí muchas cosas, oí cuentos que la embelesaron por completo, un sitio que para mí se volvió hogar respirando entre esos brazos, aire de bosque. Yo no era del sur, pero aprendí a amarlo.
3 de mayo de 2019
La chocolatada por los bordes de la boca. Comer sandía con las manos, chorreando en las zapatillas. Jugar a tirar lo más lejos posible las semillas. No entender cómo se ata un cordón, ni por qué hay que calzarse si la tierra es fresquita. El calor del cemento quema y hace cosquillas. Las espinas las cura el beso de mamá. Dos sillas, una sábana: un castillo donde estar. Hace horas no comemos, no hay sed ni hambre porque la imaginación lo llena todo. Nosotros, los chiquitos, no entendemos todavía muy bien la palabra amor pero nos damos una idea: ojos que abrazan, brazos que calman.
28 de diciembre de 2018
Observando las hojas me doy cuenta cuán valientes son. Parecen diminutas, pero tienen historia, tienen genética. Ellas nacen, y una vez alcanzado el fulgor de su existencia, un color verde lleno de vida y luminosidad, terminan por secarse, ellas también tienen un solo tren, una sola estación. Y se lanzan. No se quedan pegadas al árbol que les dio vida, ellas se desprenden y van en busca de un remolino o ráfaga de aire que las lleve, que las mueva en otra dirección...
16 de diciembre de 2018
5 de noviembre de 2018
Las musas
La banda estaba sonaba con un tema muy tranquilo, miro afuera para contarme alguna historia mientras observo el paisaje que se podía ver desde mi lugar. Ahí estaban el cielo, unos pocos arboles, el viento sumiso. Ese era mi cuento... Hasta que entras en mi escena sin aviso del otro lado de la cuadra. No sabría narrar el rebote de tu pelo al caminar entre el viento, la fluidez de tus pasos, la armonia de tu cuerpo, lo delicada que te hacían ver tus prendas. El momento en que te convertiste en mi protagonista.
Entraste al bar.
Abriste la mirada para encontrar lugar, y en tu fracaso vislumbraste un espacio cerca del piso, justo al lado de la persona que estaba admirando tu existencia.
Cuando te sentaste voltee a verte.
Dude en hacerlo, pero era tan inevitable como cerrar los ojos para sentir la lluvia. Me detuve en la curva de tu nariz, y al poco tiempo necesite una excusa para conocer tu sonrisa.
Al pasar el tiempo te fuiste, y creí que ya estaba todo dicho. Me quede ahí, pensando en la historia de esa mujer que salió entre las hojas a recorrer las calles, en busca de enriquecer el espíritu. Tambien pensé que aveces, las musas aparecen en los momentos indicados para inspirarte, y despues se marchan sin más.
Mientras sonaban las ultimas canciones, me diste el gusto de entrar nuevamente a escena. Prepare el escenario con un asiento para vos, quería saber mas de tu índole, queria conocer mejor tu voz.
Te pregunte si conocías a los chicos, me dijiste; -si.
Me preguntaste si yo tambien los conocia, te conteste: A mí me pagan para agitar al público...
Fue ahí que logré tu segunda sonrisa.
La que me dejo admirar tus rasgos, la que me insitó a considerar que podría guardarte en una foto como te estaba admirando: Preciosa como las mejores sensaciones del alma, libre como las hojas que te siguieron hasta la puerta.
17 de enero de 2018
(=^・^=)
Con su color profundo, me despierta con los mejores besos. Lame mis lágrimas y con su mirada amarilla pasea por los rincones de mi alma. Sola y sin paraguas, recibe mis gotas y no aparta la mirada.
Como un héroe que me rescata del mundo, envuelve mis arterias en sus suaves brazos. Las hace reír, tiembla mi casa. Música que suena, me eleva sobrepasando las nubes, me devuelve llena de partículas que danzan en su son. Agradezco tu risa, música, porque mi panza se siente livianita cuando le haces cosquillas. Sigue libre tu sendero, pasea bien dentro, desbloquea mis muros, construye puentes nuevos.
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